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A Lais Arcos ya la conoces, además la presentamos en septiembre'05 en BarceDona por ser la autora de Dame unos años (EGALES, 2005)
Dada su nobleza, el ‘buen rollito' que genera y sus ganas de escribir para las mujeres le propusimos que creara expresamente para STUPENDA un personaje ‘de novela' por entregas en el que la protagonista fuera una mezcla de Lara Croft, Aeon Flux, Emma Peel (ahhh... Mrs. Peel), Xena, Sidney Fox, etc. (por pedir...) Aceptó con entusiasmo y aquí tienes en exclusiva mundial a...
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CAPÍTULO I
(publicado en STUPENDA nº 41. Diciembre 2005)
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La bruma envolvía Londres de nuevo y perlas de agua se aglutinaban en los vidrios opacos de aquel inmenso coche negro, su conductor seguía un itinerario cuidadosamente estudiado para llegar al Centro con puntualidad. Una vez allí, debía acompañar a aquella mujer hasta el ascensor del parking subterráneo y su misión habría acabado. Un gesto casi imperceptible en la comisura de los labios dejaba adivinar una leve sonrisa. “Cada vez los eligen más jóvenes, pero es la primera vez que resulta ser una mujer de casi treinta, y además guapísima” -se dijo- mirando otra vez al retrovisor para cerciorarse de lo que había visto. La chica miraba pensativa a través del cristal de la ventanilla.
Revolvió el bolso hasta encontrar un teléfono móvil rojo metalizado, Risk sabía que la llamada sería completamente anónima. Compuso un número y esperó, algo había cambiado: la noche anterior el teléfono sonaba y sonaba sin que nadie respondiera, esa mañana una voz grabada le decía que el número no existía. Le habían cortado todos los puentes.
Su vida cambió al acabar los estudios. Se había convertido en la más joven doctora europea en lenguas muertas, sus padres le habían inculcado su pasión por los idiomas y Max, su hermano, la introdujo
al deporte, sobre todo a la lucha grecorromana, el boxeo y las artes marciales. Su madre, inglesa, había sido embajadora en Argentina, donde conoció a Holger, su padre, negociante alemán, que la siguió desde entonces a todos sus destinos. Max y Risk nacieron en Buenos Aires con 20 meses de intervalo, unos diez años después se trasladaron a Beijing, donde residirían siete años más. Cuando llegó la hora de iniciar los estudios universitarios sus padres decidieron que era mejor volver a Europa. La denodada dedicación al trabajo valió a su madre un distinguido puesto en la capital británica. Risk organizó un enorme escándalo en la embajada al saber que iba a tener que separarse de Mei. Se encerró en su habitación, la misma de la que se escapaba por el tejado todas las noches para verla, no ingirió alimentos durante una semana y sólo dirigía la palabra a Max, su único confidente. Sus padres no comprendieron tal comportamiento: las amigas podrían verse durante las vacaciones, incluso sería posible hacer unos “arreglos” para que Mei pudiera salir del país e ir a visitarles a Londres.
Parece que tienen razón los que dicen que la historia siempre se repite -pensaba Risk observando la mañana fría- de nuevo una mudanza seguida de un amor perdido.
Una tarde del verano que siguió al fin de sus estudios se le acercaron dos hombres, estaban muy informados sobre ella, le propusieron trabajar para el gobierno, le prometieron viajes y una vida atractiva. Risk accedió. Aquellos hombres le buscaron un trabajo ficticio, una tapadera, nunca debería desvelar la verdad, aunque su madre comprendió rápidamente lo que estaba pasando y la advirtió del riesgo… acabó dándole el visto bueno a su nueva vida.
Risk, tras una intensa formación, empezó el verano siguiente su trabajo en los Servicios de Seguridad Interior, su misión sería proteger a la Primera Dama, la esposa del Primer Ministro. Aquella cuyo número de teléfono había dejado de existir.
El coche negro entró en el parking y se dispuso a descender varios pisos.
Se estremeció al recordar las palabras y la expresión de su superior al anunciarle la oferta. El hombre hablaba emocionado, la chica sabía que Robert le tenía un cariño especial, seguramente porque era una mujer y por ser la más joven del grupo: “Risk, todo lo que he podido conseguir es que no te destituyan… lo que te proponen es una plaza en la Seguridad Exterior, misiones que te pueden costar la vida. Ya sabes que te aprecio, es muy peligroso, tal vez deberías irte por decisión propia -hizo una pausa- tengo influencia en empresas privadas... No hay manera de convencerles, es una orden directa del gran jefe, lo tuyo no es una aventura cualquiera Risk, ¡Es la Primera Dama!, ¿Pero cómo se te ha ocurrido?- la miró inquisitivo y desesperado”. “Diles que estoy de acuerdo” -respondió.
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CAPÍTULO II
(publicado en STUPENDA nº 47. Junio 2006)
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Tres meses después de ocupar mi nuevo destino en la los servicios de Seguridad Exterior me encomendaron mi primera misión: según información de los Estados Unidos, se había detectado la posible entrada en el país de agentes encubiertos de países del Lejano Oriente, las últimas noticias que se tenían de ellos es que habían aterrizado en Rapid City (Dakota del Sur), hacía 10 días y que habían dormido 1 noche en un hotel de Buffalo, en el vecino estado del Wyoming. Por lo que decían las cámaras de seguridad del aeropuerto, tenía que buscar a dos mujeres de aspecto posiblemente occidental, de entre 20 y 40 años, vestidas con tejanos y gorras de béisbol. Lo intrigante era el lugar, ¿qué iban a hacer allí? El modus operandi parecía muy extraño, normalmente los agentes acostumbran a utilizar grandes aeropuertos y se mueven por ciudades como Nueva York, San Francisco o Washington pero no por Buffalo, una ciudad cerca de grandes montañas de sólo cinco mil habitantes.
El personal de mi servicio me había dado todos los datos posibles y habían contado con la colaboración americana, colaboración entre comillas, como siempre, porque las dos espías no iban a Buffalo a hacer turismo, algo interesante habría no muy lejos, pero sus identidades y el motivo de su visita tendría que descubrirlos yo.
Me quedaban cuatro horas de espera en el aeropuerto de Minneapolis hasta coger el siguiente vuelo hacia Rapid City, me di una vuelta por las tiendas, ni siquiera me planteé salir a fumar un pitillo al exterior, pues para volver tendría que pasar de nuevo los controles de seguridad: quitarme los zapatos, el cinturón y enseñar mis papeles. Esta vez era una antropóloga de una universidad de Barcelona, ciudad que no conocía aún, pero sabía que en algunas semanas existiría la posibilidad de ir allí en misión, pues tendría lugar una reunión de jefes de estado muy importante. Tal vez en esa ciudad podría encontrar algún lugar de ambiente y aprovechar su trabajo para salir un poco de fiesta o algo más, todo eso no existía en aquellos estados americanos, bastante puritanos por cierto. Me compré unas gafas de sol, de esas tipo aviador, y un sombrero de cowboy de paja, en los lavabos me cambié los tejanos y en 10 minutos tenía pinta de autóctona, sin el acento de Minnesota.
Me conecté a Internet, sólo tenía dos billetes de un dólar, no quería dejar rastros utilizando la tarjeta de crédito. Deslicé el primero, la conexión era lenta, tres minutos más y necesitaría otro dólar. Sin noticias de la agencia, todo debía seguir igual. Intenté con mi mensajería personal, alguien me había añadido como contacto para chats privados, la dirección de correo no me decía nada. De repente una ventanita, la del Messenger, un mensaje que aparece con cifras y letras, algo incomprensible, lo miro fijamente, el tiempo restante de conexión se va a agotar en 15 segundos, toco el bolsillo de mi cazadora, no llevo mi bolígrafo porque no está permitido en los aeropuertos, intento memorizarlo pero es demasiado largo, me quedan 4 segundos, busco la tecla “Impr Pant”, está en inglés pero en el mismo sitio, la pulso, la pantalla se vuelve negra y aparece un nuevo mensaje, tengo 30 segundos para añadir otro billete si quiero seguir con la conexión actual, lo desdoblo, me maldigo por arrugarlos siempre, si no lo consigo el mensaje que se ha conservado en la memoria del ordenador se va a borrar de un momento a otro, 15 segundos, el billete no entra, 7 segundos, lo aliso y por fin lo acepta, ya no hay nadie al otro lado, abro un procesador de texto y en una hoja en blanco pego lo que espero esté aún memoria, tarda un poco, la imagen aparece: “ 84-95346-84-2, P86, L9&11 ”. Lo leo varias veces, no sé qué quiere decir aquello, lo imprimo, debo buscar esos números en Internet, oigo una llamada por los altavoces, otra. Miro mi pasaporte, es cierto que tengo otro nombre, me están llamando. Cojo la hoja y me la meto en el bolsillo. Embarco. Desde Rapid City han hecho falta 3 horas en coche para llegar hasta Buffalo. Sólo quiero encontrar el dichoso hotel y conectarme a Internet. Es la una de la mañana. Occidental Hotel de Buffalo. Tomo una habitación, mientras la chica rellena el formulario miro a mi alrededor. Aquí durmió Calamity Jane, la foto es impresionante, yo pensaba que era más guapa. Sonrío, me presento y le digo a la chica que llego con muchos días de retraso, que hace más de una semana me esperaban dos amigas, más o menos de mi edad. Me mira intrigada y sonríe. La gente aquí parece muy simpática. Sólo recuerda a dos extranjeras, quiere decir a dos mujeres que no eran americanas. Se fueron hace 9 días. Le pregunto si no le dijeron hacia dónde y ella me dice que estaban buscando ranchos donde acogieran huéspedes, para montar a caballo, con la cara que lo dice debe ser que es típico en la zona, cerca de la Devil's Tower, y me ofrece la misma guía que les dio a ellas. Firmo y le doy las gracias. Miro a mi alrededor de nuevo: hay un libro de visitas, me dirijo a él, busco entre las fechas una de hace unos 9 días. Encuentro un mensaje trivial elogiando los servicios del hotel, la hospitalidad de la ciudad y dos firmas: Alice P. y An L. Algo es algo, supongo que utilizan los nombres de sus pasaportes. Subo a la habitación, me conecto antes de ducharme. La Devil's Tower no está muy lejos, podré ir mañana en coche, una lástima porque al venir desde el aeropuerto he debido pasar a unos 60 km del lugar. Saco el papel con el otro mensaje de mi bolsillo, lo estiro, como siempre, escribo el número en un buscador y pulso la tecla, varias páginas con resultados. Ese número es un libro.
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